Monday, October 23, 2006

ESPAÑA INTERNACIONAL Y LA UNIÓN EUROPEA


Como europeísta convencido, a pesar de los cuatro vientos que soplan en el horizonte europeo jamás se me ocurriría predicar en contra de la consecución de una única Europa unida.

Sin embargo, son los propios políticos europeos los que mantienen posturas divergentes en estas últimas décadas que dificultan el logro de esa meta.

Es evidente que como en el resto del mundo desarrollado e irrespectivo de latitudes y culturas hay dos grandes tendencias de pensamiento político que prevalecen en los entornos del poder político-económico internacional.

Los modelos predominantes han aglutinado a los que respaldan la primacía de lo económico por un lado y a los que propugnan la bandera de la igualdad a través del bienestar social. Lo que se ha hecho evidente es que ni los defensores de la política del bienestar que prosperó a final de siglo en los países como Suecia ni los aduladores de Margaret Thatcher y Ronald Reagan que desean inmortalizar las teorías neo-liberales que arrancaron con Keynes y prosperaron con Galbraith pueden decir que están en posesión de “la única verdad”.

Es esa pugna transferida a la arena política de la Unión Europea la que prevalece cuando hay que debatir cualquier tema que afecte a los estados miembros. A pesar de ello, confiamos que este periodo de expansión, con las dificultades añadidas que representan para los que acataron unas reglas de juego establecidas, significará un reajuste de la balanza de poderes de las facciones correspondientes.

Quizás es el momento de referirme a la palabra que me interesa aclarar en esa Unión Europea que vislumbro. Es la palabra internacional.

El Diccionario de la Real Academia Española define internacional como –

1. Perteneciente o relativo a dos o más naciones
2. Perteneciente o relativo a países distintos del propio
3. Que trasciende o ha trascendido las fronteras de su país
4. Organización política que agrupa los partidos de todas las naciones con una ideología afín

Y aquí es donde viene la polémica con una decisión del Gobierno del Estado Español a elevar el debate del “tema vasco” a nada menos que el Parlamento Europeo.

No soy político ni me jacto de conocedor de las “leyes internacionales” pero me niego a tragarme los planteamientos partidistas que lanzan los principales partidos políticos sin revisar bien el valor ético de cada actuación en lo que me afecta como ciudadano español de a pie.

Me resulta un ejercicio conveniente para comprender mi propia naturaleza humana más allá del tan cacareado “sentido común” que profesan nuestras Señorías. Aprendo a desmenuzar las posturas de terceros en un entorno social donde hay una carencia del ejercicio de una inteligencia verbal que alcance el interior de una sociedad cada vez mejor informada verazmente, más allá de la información tintada con los intereses de las ideologías de conveniencia de algunos medios de comunicación.

Me he hecho las siguientes preguntas que espero que alguien me proporcione respuestas –

¿Qué es prioritario en el papel internacional de España, ser Estado Miembro de la Unión Europea para participar como Unión en la política internacional, o ser nación o país individual en el panorama global?

Si el territorio Vasco recibe el nombre de País Vasco, ¿se debe considerar que “el tema vasco” ya sería internacional meramente al discutirlo en otra parte del territorio español como podría ser la Comunidad de Madrid?

Si resulta que algunos defienden “la unidad de España” y dicen que España se rompe por internacionalizar “el tema vasco”, ¿por qué es que los partidos españoles participan y debaten "asuntos de Estado de España" en “agrupaciones políticas internacionales” con ideología afín, uniéndose hasta con otros partidos que también ejercen en el Estado Español en listas contrarias en las elecciones y con discurso político diferenciado en la arena electoral española?

Estas tres preguntas me llenan de dudas sobre la credibilidad de las defensas o ataques que hacen uno y otros de la presencia de los representantes de los propios partidos en organismos oficiales de la Unión Europea. Me da la sensación como que sin creerse la llegada de la verdadera Unión de los europeos, en vez de contribuir a que se resuelvan las diferencias entre las partes, meten más palos en las ruedas para ver si acaba descarrilando el carro unionista.

Sintiéndome español, esté donde esté, también siempre me he sentido orgulloso de ser europeo y de la contribución de este continente hacia el progreso y desarrollo universal. La grandeza del conjunto de estados que componen la Unión Europea, incluso con todos los errores del pasado, siempre será de mayor relevancia que la de un único Estado Miembro. Si no aprendemos a valorar al conjunto de Europa como una única unidad, entonces me temo que la Unión seguirá sin llegar ….




Fernando Fuster-Fabra Fdz.
Experto en Relaciones Internacionales